martes, 17 de marzo de 2015

LA INNOVACIÓN EDUCATIVA EN EL CONTEXTO LATINOAMERICANO

Angélica Liliana Silva Franco*
* Economista, Docente Programa Administración de Empresas Turísticas y Hoteleras. Universidad del Magdalena. Estudiante de  Maestría en Educación con Énfasis en Docencia. Universidad para la Cooperación Internacional de México- UCIMÉXICO. Correo electrónico: asilvafra@gmail.com 

La innovación ha recibido diferentes acepciones y ha sido tratada desde diversas disciplinas, como un término que ha cobrado una mayor importancia desde la intensificación del uso de las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones y el proceso de globalización.  Como lo afirma Formichela (2005), la coincidencia en las diversas definiciones sobre innovación está en la relación con la idea de cambio, de algo nuevo, y en que la innovación es tal, cuando se introduce con éxito en el mercado. El punto de diferencia está con respecto a qué es lo que cambia.
El reconocido economista Jhoseph Shumpeter (1935), otorgó una definición más general y consideró que la innovación se determinaba a partir de los cambios en el mercado cuando se introduce un nuevo bien o nueva clase de bienes; se incorpora un nuevo método de producción no experimentado en un determinado sector; se usa una nueva fuente de materia prima o cuando se incorpora una nueva estructura de mercado en el país.
Sin embargo, la innovación no ha sido un término exclusivo para explicar los cambios en el entorno económico o empresarial; su definición permite entender que representa un camino mediante el cual se desarrollan cambios significativos dentro de un proceso o sistema determinado, y en ese sentido, el campo educativo ha adaptado el término para replantear la forma de llevar a cabo el proceso de enseñanza-aprendizaje.
Hasta hace algunos años, se consideraban como únicos factores ligados al crecimiento económico a la mano de obra y al capital, pero diversos teóricos han postulado y demostrado que la educación, el conocimiento y el capital intelectual son elementos de gran incidencia en el desarrollo económico. Esta nueva forma de interpretar la economía se ha denominado economía basada en el conocimiento, definida como aquella en la que la generación y el conocimiento son predominantes en la creación de bienestar (CEIM, 1992; 16).
Así, hablar de Innovación en la Educación, consiste en realizar “proyectos socioeducativos de transformación de nuestras ideas y prácticas educativas en una dirección social e ideológicamente legitimida, y que esa transformación merece ser analizada a la luz de criterios de eficacia, funcionalidad, calidad, justicia y libertad social” (Rimari; 4). Es decir, la innovación educativa implica una serie de cambios y transformaciones en el sistema educativo, que son de verdadera significancia y que además permiten la articulación y socialización de ideas y experiencias de todos los miembros de la comunidad académica.
Por ello, tal como la sociedad se transforma y se ve inmersa en una serie de cambios por las dinámicas políticas, históricas, culturales, económicas, religiosas, etc., la educación también se ve sujeta a realizar ajustes para guardar coherencia con la realidad en la cual se desenvuelve. No se puede pretender educar de la misma manera en el Siglo XXI a como se educaba en el siglo XIX, porque los fines educativos eran otros, la situación social, económica y política era totalmente diferente a la que se presenta actualmente, y sólo de esta forma, se podría garantizar una educación acertada y articulada a las necesidades de la actual sociedad.
No obstante, pese a esta necesidad, se constata que dentro del sistema educativo, aún se presenta una resistencia a dichos cambios, existe una actitud de rechazo o recelo a las transformaciones que se avecinan y de igual forma, parece existir una sutil inclinación para que las cosas permanezcan igual, descalificando las ventajas de la innovación y oponiéndose a las exigencias que ésta conlleva (Díaz, Díez, Maroto & Martínez, 1992).
La resistencia por parte del personal docente se deriva de diversas causas, entre las cuales se pueden mencionar, los propios problemas del sistema, puesto que algunas instituciones mantienen un rígido esquema y se ven muy limitadas por la falta de recursos, baja capacidad de gestión, poca articulación con otras instituciones y programas, primacía de intereses individuales  e insuficiente transferencia de resultados. Entre otras causas, se pueden mencionar la oposición de los cuerpos directivos a las innovaciones, puesto que temen afrontar riesgos asociados a los cambios de nómina, estructurales, reformas institucionales o pérdida de prestigio. La baja cultura de la innovación, es también resultado de la histórica discrepancia entre la teoría y la práctica, que suele caracterizar al sistema educativo, en efecto, como lo argumenta Aguerrondo (1992), “la experiencia muestra que la lógica de los técnicos no siempre coincide con las necesidades y problemas que han de enfrentar los profesores en las aulas” (p.382).
 Desde el punto de vista Latinoamericano, la innovación educativa ha sido un tema relativamente reciente; si bien desde los años sesenta se introdujo el término para el entorno educativo, se relacionó como un sistema externo asociado a la modernidad más no como un proceso capaz de transformar la cultura de las instituciones educativas. Así, en los años setenta, las reformas educativas en el contexto latinoamericano se concentraron en el alcance de objetivos como disminución del analfabetismo, reducción de la deserción, definición de lineamientos para la calidad, entre otros, que se establecieron de manera general y que se condensaron en documentos extensos y de difícil aplicación (Aguerrondo, 1992; 386).
Sin embargo, a partir de la década de los 90, se inician una serie de cambios que persiguen mayor equidad y calidad en el sistema educativo. Estas reformas, implicaron mayor participación de los actores para legitimar las propuestas y se desarrolló porque se generó en la región un proceso de descentralización que otorgó mayor autonomía a las instituciones educativas.  Los ejes y estrategias que definieron la nueva política educacional en América Latina, se fundamentaron en mejorar la gestión, alcanzar un mayor nivel de equidad y calidad, desarrollo profesoral y financiamiento (Gajardo, 1999).
Los resultados de dichas reformas han sido someros y poco conocidos; si bien en los últimos años, se han hecho esfuerzos desde los diferentes Ministerios de Educación de la región por recopilar experiencias exitosas en el tema de innovación educativa, éstos procesos han obedecido más a criterios de instituciones que se desenvuelven en el ámbito de la innovación, que en sí, por iniciativa o interés propio de los países en recoger dichas experiencias para resarcir dificultades y/o aprovechar potencialidades.  No obstante, parte de esa experiencia se puede encontrar en la red INNODATA creada por la UNESCO desde 1993, en la cual se identifican e intercambian  experiencias e información sobre innovaciones educativas que han desarrollado los países miembros, pero no delimita una serie de criterios específicos para seleccionar dichas innovaciones.
En la recopilación de algunas de esas experiencias, pueden mencionarse casos concretos de países como México, Brasil y Colombia.  En el caso de Colombia por ejemplo, el Ministerio de Educación Nacional adelanta desde 2010 la consolidación de un Sistema de Innovación Educativa basado en las TIC, que incluye desarrollo profesional docente, educación virtual, gestión de contenidos, fomento de la investigación y acceso a la tecnología; además se están fortaleciendo 5 centros de Innovación Educativa Regional en los que se forman docentes y se adelantan procesos de investigación en torno a la educación, y como producto a destacar, se puede señalar el portal Colombia Aprende, que fue reconocido por la UNESCO como uno de los tres mejores portales educativos de América Latina y el Caribe (MINEDUCACIÓN, 2010).
En México, se señala la creación de Innovación Educativa-INED, antes Casa de la Ciencia, creado por el CONACYT en 1994, que ha realizado una labor de articulación con otras entidades educativas para analizar y valorar innovaciones en educación; encontrando que las experiencias más sobresalientes son aquellas donde se presenta un mayor grado de autonomía y flexibilidad respecto al sistema formal; particularmente se destacan experiencias en el ámbito rural y en la educación intercultural bilingüe para las comunidades indígenas.
 En el caso de Brasil, se destaca el esfuerzo por mejorar la cobertura de la oferta educativa pero que desafortunadamente aceleró el déficit fiscal público y ello generó propuestas tendientes a la privatización que más tarde incidieron en la perversa deliberación de las élites, negando oportunidades de educación en las comunidades más pobres (UNESCO, 1995). Lo anterior, limitó la capacidad de innovación en prácticas pedagógicas y en atención a las demandas sociales, conduciendo a una enorme inequidad en la oferta y distribución de las oportunidades educativas.
En común, estas experiencias revelan algunos avances en materia de reformas al sistema o mejoras estratégicas en determinadas áreas, pero también señalan que existe una brecha, aún bastante grande, en cuanto a la incorporación y desarrollo de soluciones a los problemas pedagógicos más apremiantes de la educación (infraestructura, desarrollo profesoral, investigación, calidad educativa, sistemas de evaluación, modelos pedagógicos, entre otros). En general, la realidad refleja que la innovación educativa en América Latina se ha reducido a la incorporación de herramientas tecnológicas más modernas pero que dan una vana ilusión sobre el impacto que se produce en el aprendizaje significativo de los estudiantes.
            Si se quiere cambiar el espectro actual, las reformas e incorporación de las tecnologías deberían aportar al desarrollo de mejores prácticas pedagógicas, que permitan difundir formas de trabajo escolar realmente transformadoras y enriquecedoras en la formación integral de los discentes, abarcando diferentes temáticas como currículo, ambiente de aprendizaje, educación ambiental, producción de material intelectual y fortalecimiento de las capacidades docentes, entre otras.
BIBLIOGRAFÍA:
AGUERRONDO, I. (1992). La Innovación Educativa en América Latina: balance de cuatro décadas. Perspectivas, vol. XXII, No. 3, pp. 381-394.
CONFEDERACIÓN EMPRESARIAL  DE MADRID-CEIM. (1992). La innovación: un factor clave para la competitividad de las empresas. Recuperado de: http://www.oei.es/salactsi/libro9.pdf
DIAZ, M., DÍEZ, J., MAROTO, J. & MARTÍNEZ, P. (1992). Innovación educativa y desarrollo profesional docente. Recuperado de: http://cvonline.uaeh.edu.mx/Cursos/Especialidad/Modulo4_PDF/ESTEM04T01P02.pdf
FORMICHELA, M. (2005). La evolución del concepto de innovación y su relación con el desarrollo. Monografía realizada en el marco de la beca de iniciación del INTA: Gestión del emprendimiento y la innovación. Estación Experimental Agropecuaria Integrada Barrow. Tres Arroyos.
GAJARDO, M. (1999). Reformas educativas en América Latina. Balance de una década. PREAL. Documento No 15. Santiago de Chile.
MINISTERIO DE EDUCACIÓN NACIONAL. (2014).  Colombia avanza a piso firme en la innovación educativa y uso pedagógico de las TIC. Recuperado de: http://www.mineducacion.gov.co/cvn/1665/w3-article-324021.html
RIMARI, W. (2009). La Innovación Educativa, Instrumento de Desarrollo. Recuperado de: http://www.uaa.mx/direcciones/dgdp/defaa/descargas/innovacion_educativa_octubre.pdf

UNESCO. (1995). Innovaciones en la gestión educativa. Experiencias en Brasil, Chile y Venezuela. Santiago de Chile. Recuperado de: http://unesdoc.unesco.org/images/0011/001155/115554so.pdf

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